como dejar de procrastinar

Procrastinar es una de esas palabras que hace una década no se usaban, pero que, a día de hoy, está en boca de todo el mundo. Y es algo malo. Por eso, hoy, te contamos qué es la procrastinación, por qué sucede y, sobre todo, cómo podemos evitarla.

Procrastinación: Significado y explicación

Procrastinar es un término que proviene del latín “procrastinare”, que significa, literalmente, postergar hasta mañana. Sin embargo, en la actualidad, el término no se refiere únicamente a dejar algo para el día siguiente, sino dejar de hacer algo con unas consecuencias negativas para el individuo.

De hecho, la palabra procrastinación también tiene cierta relación con el término griego “akrasia”, que significa algo así como hacer algo contra nuestro mejor juicio.

En este sentido, tomando ambas etimologías, podemos concluir que la procrastinación es dejar para mañana algo que podríamos hacer de modo que, al hacerlo, nos perjudicamos a nosotros mismos.

Es por ello que, cuando procrastinamos, nos sentimos mal. Porque, aunque no podemos evitar procrastinar, sabemos que es algo que no deberíamos hacer y que nos va a reportar consecuencias negativas. Y, siendo conscientes de ello, nos sentimos mal al no poder evitarlo.

Pero, entonces… ¿Por qué procrastinamos? ¿Qué sentido tiene procrastinar? Porque, evidentemente, si sabemos que es algo negativo, no tiene mucho sentido que lo hagamos.

Pues bien, la procrastinación se debe a un estado de ánimo negativo.

La procrastinación NO es ni un tipo de carácter ni una mala gestión del tiempo, sino una mala gestión de las emociones que nos despiertan ciertas actividades. Algunas de estas emociones pueden ser el aburrimiento, la ansiedad, la sensación de desafío, la frustración, etc.

Como no queremos lidiar con esas emociones, posponemos la actividad que nos va a despertar dichas emociones. Es decir, procrastinamos.

El problema, evidentemente, es que hacerlo tiene consecuencias mucho más negativas. Y, además, nos llevará a una situación tal que la próxima vez que tengamos que realizar alguna actividad, como ya hemos fallado una vez, esas emociones negativas sean aún más fuertes.

De hecho, en este estudio de Pychyl y Sirois de 2013, se explica que la procrastinación podría ser una forma de reparar y proteger el estado de ánimo a corto plazo, a cambio de sacrificar bienestar a largo plazo. De hecho, otros estudios indican que podría tener un origen biológico y evolutivo.

En consecuencia, la procrastinación es un defecto como hombres que nos hace valorar más el corto plazo que el largo plazo. Y, como ya explicamos en nuestra guía para ser rico, como hombres debemos primar el largo plazo por encima del corto plazo.

Por tanto, debemos ser capaces de sobreponernos a nuestras emociones negativas a corto plazo y superar la procrastinación.

Así que vamos a ello.

Consejos para dejar de procrastinar

Aclarada la causa de la procrastinación, vamos a ver algunos consejos para dejar de procrastinar. Estos son consejos generales para mejorar tu forma de ser en relación al trabajo, no estrategias concretas (de esas, hablamos en el siguiente apartado).

Te recomiendo también echar un vistazo a nuestro artículo sobre el jinete y el elefante de Haidt, porque tiene cierta relación con lo que vamos a tratar aquí.

Estos son los principales consejos y estrategias para dejar de procrastinar:

Conócete bien

En primer lugar, es importante que te conozcas bien. Esto es fundamental, porque, a menudo, la procrastinación se debe a que no nos gusta lo más mínimo aquello en lo que estamos trabajando.

Y, cuidado, todo trabajo, incluso los que más pueden gustarte, van a tener siempre algo que te aburra. A nadie le gusta estar ordenando facturas para pagar el IVA trimestral, aunque el trabajo que tengas sea de actor porno y te lo pases genial.

Sin embargo, si todo trabajo que haces se te hace cuesta arriba, es probable que haya algo que arreglar.

Conócete a ti mismo y cuéntate verdad: ¿Estás dedicándote a lo que te gusta? ¿Cuáles son tus puntos fuertes y débiles? ¿Qué sentimientos son los que te hacen procrastinar? ¿Qué tareas de tu trabajo no te gustan y cuáles sí? ¿Estás cómodo con tus compañeros?

Todas esas preguntas debes hacértelas y responderlas, porque no puedes evitar la procrastinación si no tienes una idea clara y real de por qué estás procrastinando.

Practica la meditación

Para lograr lo anterior, puedes valorar la posibilidad de practicar la meditación. La meditación tiene múltiples beneficios (hablamos de ello en nuestro artículo sobre los beneficios de la meditación), y uno de ellos es el de permitirte vaciar la mente y pensar mejor.

Por lo tanto, acostumbrarte a meditar cada día diez o quince minutos puede ayudarte a entenderte mejor a ti mismo y, en consecuencia, permitirte luchar con más facilidad contra la procrastinación.

Sé consecuente

Una vez te conozcas a ti mismo, debes ser consecuente. Si no te gusta el trabajo que estás haciendo y sientes que no deberías estar haciéndolo, cambia. Busca otra cosa. Busca un trabajo de mierda mientras buscas uno del nivel del actual que te guste más.

No tienes por qué estar anclado a lo que no te gusta. Un hombre puede cambiar. Puedes tomar tus propias decisiones y dirigir tu vida, no dejar que ésta te pase por encima como si no fueras el protagonista.

O puedes permanecer en este trabajo que no te gusta porque, por lo que sea, te compensa (porque cobras muy bien o porque te da estatus, lo que sea). Pero, en ese caso, sé consecuente y asume que tendrás que lidiar con los sentimientos negativos que actualmente te están haciendo procrastinar.

Y pongo como ejemplo el hecho de que no te guste el trabajo, pero puede ser cualquier otra cosa.

La cuestión es que, tras conocerte a ti mismo, entiendas por qué procrastinas y tomes decisiones de forma consecuente: O cambias lo que te hace procrastinar, o no lo cambias, pero aprendes a lidiar con ello.

Eso es lo que hace un hombre responsable y, por tanto, libre e independiente (aquí puedes encontrar más información sobre cómo ser libre e independiente, por cierto).

Aprende a hablar contigo mismo

Otro punto en el que debes trabajar es en la forma de hablar contigo mismo. Y esto es importante tanto para dejar de procrastinar como para casi cualquier cosa en la vida. Debes tratarte bien y hablarte de forma que seas tú quien dirige tu vida.

No vamos a detenernos a hablar de Programación Neuro-Lingüística en este artículo, porque no es el lugar, pero debes entender que la forma en la que hablas contigo mismo y piensas afecta directamente a tu forma de ser y de comportarte.

Por ejemplo, para lidiar con la procrastinación, es mejor que no te digas “tengo que hacer esto”, sino “yo decido hacer esto”.  

Parece una tontería, pero lo primero te coloca en una posición pasiva, donde no tienes capacidad de decisión ni libertad de elección. En cambio, lo segundo te coloca en una posición de toma de decisiones y de libertad. Eres dueño de ti mismo.

Al cambiar el chip de este modo, la procrastinación es más difícil, porque ya no estás dejando de hacer algo que te imponen, sino que estás dejando de hacer algo que tú mismo has decidido hacer.

Haz la prueba. Te sorprenderán los resultados.

Lo mejor es enemigo de lo bueno

Otro cambio de chip que debes hacer es el de que lo mejor es enemigo de lo bueno. Es decir, el perfeccionismo acostumbra a ser un lastre.

Ojo, no todo el mundo es igual y quizá el perfeccionismo te ayude en tu trabajo y sea lo que te hace especial y muy valioso. Pero, en general, no es lo normal. Lo normal es que la gente perfeccionista haga lo mismo que los demás, pero en menor cantidad.

Incluso si siendo perfeccionista lo haces un poquito mejor que los demás pero tardas mucho más en hacerlo, probablemente no compense.

Así que ten en cuenta este punto si eres de los que procrastina porque te pasas horas arreglando pequeños detalles irrelevantes de tu trabajo.

Si procrastinas, no te culpes

Ya hemos dicho que procrastinar es algo natural. Tanto que, probablemente, lo tengamos en el ADN. Y ya hemos dicho, también, que sentirnos mal por procrastinar incrementa el círculo vicioso de la procrastinación.

Por lo tanto, si procrastinas, no te culpes. No te comas la cabeza más de lo necesario. Ya está hecho, ya se ha pasado el deadline, ya no puedes presentar el trabajo o lo que sea. Bueno, pues ya está.

Vista puesta al futuro y tratar de resolver la situación. ¿Tienes que hablar con el jefe? Hazlo lo mejor posible. ¿Tienes un nuevo deadline? Esta vez no procrastines.

No tiene sentido comerse la cabeza por lo que ya está hecho. Y menos aún en la procrastinación, porque lo último que te interesa es meterte aún más en ese círculo vicioso.

Reduce tu estrés

También es muy recomendable que reduzcas tus niveles de estrés. Y, sí, sé que esto es más fácil de decir que de hacer, porque reducir el estrés es difícil. Y, además, el simple hecho de procrastinar es probable que te haga estar estresado.

Así que es un tema un poco complicado. Por eso, te recomendamos que leas nuestra guía sobre cómo reducir el estrés.

Y es que, tal y como se explica en este estudio, el estrés afecta negativamente a la productividad. Al estar estresado, trabajarás peor y es probable que procrastines más. Y eso, a su vez, te hará tener más estrés y, de nuevo, caerás en un círculo vicioso.

Es recomendable acabar con ello cuanto antes.

Además, el estrés tiene muchos otros efectos negativos. Por ejemplo, te hará tener menores niveles de testosterona (por ello reducir el estrés es un paso básico en nuestra guía sobre cómo aumentar la testosterona), te hará más propenso a ciertas enfermedades y reducirá tu sociabilidad.

Ten un buen ambiente de trabajo

Obviamente, un buen ambiente de trabajo te ayudará a trabajar mejor y, en consecuencia, será una buena ayuda para evitar la procrastinación.

Es cierto que tener un buen ambiente de trabajo no va a hacer que, de repente, dejes de procrastinar al 100%. Sin embargo, sí es una buena ayuda. Además, un buen ambiente de trabajo tiene otros beneficios, así que mal no te va a hacer.

Te recomendamos echar un vistazo a nuestra guía sobre cómo tener una buena oficina en casa, para que, si eres autónomo y trabajas desde casa, puedas tener un buen ambiente de trabajo y evitar (al menos en parte) la procrastinación.

Crea hábitos y rutinas

El siguiente paso es crear hábitos y rutinas. Como ya explicamos en nuestro artículo sobre el jinete y el elefante de Haidt, las rutinas y los hábitos son muy positivos para hacer que el elefante haga lo que queremos que haga.

Si te acostumbras a ciertas rutinas, será menos probable que procrastines.

Por ejemplo, si cada noche antes de acostarte lo último que haces es preparar una lista de tareas para el día siguiente, tendrás ese hábito y lo harás sin pensar. No lo dejarás sin hacer.

Si te acostumbras a que cada día después de comer trabajas dos horas en una habitación sin ningún estímulo externo, es poco probable que procrastines, porque en esa habitación no tienes distracciones y, lo más importante, estás acostumbrado a dedicar ese tiempo a estar ahí, trabajando.

En cambio, si no tienes ningún hábito ni rutina, sino que vas haciendo según te parece cada día, es mucho más probable que procrastines. Porque, si no tienes hábitos ni rutinas, sólo te queda la propia determinación en cada momento, y ésta puede flaquear.

Visualiza los avances

También deberías crear algún sistema que te permita visualizar tus avances, tanto en el nivel macro del proyecto en el que estés trabajando, como en el nivel micro de las tareas que tengas que hacer cada día.

Esta forma de ir teniendo una imagen clara de tus avances te ayudará a seguir en ese camino.

Esta es la técnica que utiliza, por ejemplo, Seinfeld, quien se obliga a escribir chistes cada día y, cuna vez cumple la tarea, marca con una X en el calendario que ese día ha cumplido con su objetivo.

Así, si el día 13 mira el calendario y ve los 12 días anteriores tachados, se siente obligado a escribir chistes para tachar también ese día 13.

Deberías buscar una forma similar de visualizar tus avances para que la procrastinación no sea una opción.

Ten claras tus prioridades

Por último, es muy importante que tengas claras tus prioridades.

¿Por qué estás trabajando? ¿Por qué tienes ese proyecto entre manos? ¿Estás trabajando para comprarte una casa? ¿Estás en ese proyecto porque, aunque no sea muy bueno, quieres mantener a ese cliente para otros trabajos mejores en el futuro?

Ten claras tus prioridades. Entiende por qué haces lo que haces y, teniendo claro tus objetivos a largo plazo, entenderás mejor la importancia de hacer el trabajo a corto plazo que tienes que hacer.

Muchas veces, entramos en una dinámica de trabajar por trabajar sin pensar en por qué hacemos las cosas. Hay que corregir eso, tomar perspectiva y, entonces, podemos tomar mejores decisiones y trabajar con más determinación.

A este respecto, te recomendamos nuestro breve artículo sobre cómo diferenciar lo urgente de lo importante.

Estrategias para dejar de procrastinar

Ahora, vamos con algunas estrategias para dejar de procrastinar. A diferencia de los consejos anteriores, estas estrategias no son de carácter general. Son trucos concretos con los que podrás procrastinar menos:

Planifica (pero no mucho)

La primera de las estrategias para dejar de procrastinar es planificar, pero tampoco demasiado.

No se trata de que hagas un plan de la hostia con cada pequeño detalle organizado. No. Quien hace eso está, precisamente, procrastinando. Es gente que planifica para no ponerse manos a la obra. Así que no se trata de eso.

Se trata de, por ejemplo, si tienes que entregar un trabajo en un mes, coger dicho trabajo y determinar cuántas partes tiene, cuánto te va a llevar cada una de ellas, cuánto te va a costar cada una, y determinar qué días vas a hacer cada cosa.

De esta forma, tendrás pequeñas partes del gran proyecto y ciertos días para cumplir con esas partes.

Además, en el proceso de planificación te darás cuenta de si necesitarás algo de alguien, si necesitarás tiempo para algún proceso que debe realizarse en segundo plano, etc.

En definitiva, planificar te sirve para tener una idea global de lo que vas a necesitar y de cuánto tiempo te va a llevar el trabajo.

Pon objetivos diarios (realistas)

Una vez tengas el gran proyecto dividido en pequeñas partes, es probable que esas partes duren, por ejemplo, una semana cada una.

Pues bien, es el momento de dividir esas partes en trabajos diarios. ¡Ojo! Esto no significa que sean siempre partes diferenciadas. Por ejemplo, si tengo que escribir para esta web una guía de 10.000 palabras una semana, lo divido en varios días, y cada día escribo, por ejemplo, 2000 palabras.

Es un mismo “elemento” del proyecto general. Dividir ese elemento y tratar de presentar las piezas por separado no sirve para nada, porque una quinta parte de la guía no tiene valor en sí mismo. Sólo tiene valor en el conjunto. Pero, para mi organización, esa división me sirve.

Eso sí, esos objetivos que te pongas a diario deben ser realistas. Es mejor pecar de estar planificando objetivos “muy pequeños”, pero que después te sobre tiempo para, quizá, adelantar el objetivo del día siguiente que ponerte objetivos muy grandes que luego no cumples.

Divide tus obligaciones diarias

Pero, además, después tienes que dividir esos trabajos diarios en trabajos aún más pequeños que ir cumpliendo a lo largo del día.

Lo que hago yo, siguiendo con el mismo ejemplo, es plantearme escribir 500 palabras cada hora, por ejemplo. Y me voy asegurando de ir cumpliendo.

Así, desmenuzando el gran objetivo en cada vez elementos más pequeños hasta el nivel de la hora de trabajo, es muy difícil procrastinar, porque es muy fácil cumplir con objetivos tan pequeños.

Y, cumpliendo con objetivos pequeños de forma continuada, es como se acaba sacando adelante un proyecto. De hecho, en esta investigación se pone de manifiesto que dividir las obligaciones y tener sensación de avance es lo más importante para lograr avances significativos en el trabajo.

Haz una lista de tareas y ve tachando

Para tener sensación de estar avanzando y consiguiendo tus objetivos, ya hemos dicho que es importante que tengas una forma de visualizar dicho avance.

Hemos puesto el ejemplo del calendario para el nivel macro, pero, a nivel micro, es mucho más eficaz tener una lista de tareas.

Simplemente, la noche antes, revisas el plan que hiciste. Miras qué es lo que tendrás que hacer al día siguiente y escribes en un bloc de notas qué pequeñas tareas tienes que hacer para cumplir con el objetivo de ese día.

Puedes, incluso, indicar cuánto tiempo tienes que dedicar a cada tarea. Y, por supuesto, también puedes ordenar según dificultad o prioridad. Eso ya depende de ti.

Al día siguiente, te pones a trabajar, y tienes muy claro lo que tienes que ir haciendo (porque lo has apuntado la noche antes). Además, sabes el orden en que tienes que ir haciéndolo.

Y, según lo vas haciendo, vas tachando. Y así notas como vas avanzando.

Cuando te quieras dar cuenta, habrás cumplido con el objetivo de ese día y aún te quedarán horas libres.

El problema de la procrastinación, muchas veces, es la falta de claridad. Con este sistema, resolverás ese problema.

Claridad y estructura

Siguiendo con el tema de la claridad, también te puede resultar muy útil crear la estructura básica de lo que tienes que hacer antes de ponerte a hacerlo.

Muchas personas empiezan a hacer los trabajos de principio a fin. Y es un error. Es como los que hacen un examen y van respondiendo pregunta a pregunta en lugar de leer primero todo el examen e ir respondiendo según les convenga.

Lo mejor que puedes hacer es plantear el boceto inicial, la estructura básica de lo que tienes que hacer, y, después, ir rellenando los huecos.

Por ejemplo, cuando yo tengo que escribir algún contenido, primero hago la estructura. Escribo la introducción y la conclusión y busco la información, y voy estructurando el texto con los diferentes subtítulos.

Así, después de media hora, aún no he escrito casi nada, pero tengo una estructura muy clara de cómo será el artículo finalmente. Y, a partir de ahí, lo único que tengo que hacer es rellenar los diferentes apartados.

Si tuviese que ir estructurando y escribiendo a la vez, iría muchísimo más lento.

Un programador, por ejemplo, hace lo mismo. Primero visualiza el problema general que debe resolver y entiende las diferentes partes que tiene que programar para resolver el problema. Los estructura y, cuando ya tiene todo el armatoste montado, se pone a picar código.

Haz lo mismo con tu trabajo y verás cómo todo fluye mucho mejor.

Aleja las distracciones

Evidentemente, si quieres dejar de procrastinar, es importante que alejes las distracciones que haya a tu alrededor. Si no tienes distracciones, es más probable que te focalices en el trabajo.

Es por ello que es muy conveniente tener un espacio para trabajar y otro para el ocio, porque, si mezclas ambos espacios, es muy probable que acabes en Instagram viendo culos cuando lo que tienes que hacer es trabajar.

Por eso, en las horas de trabajo, ve a tu oficina en casa y aleja de ti todo lo que pueda distraerte. Puedes, incluso, instalarte alguna app para bloquear ciertas webs y ser más productivo.

Nada de multitasking

Otro punto que debes tener en cuenta es que el multitasking le funciona a muy pocas personas.

Eso de estar trabajando mientras prestas atención a una conferencia y revisas emails suele dar muy malos resultados, y acabas sin hacer bien ninguna de las tres cosas.

Cuando estés trabajando, aleja las distracciones. Ten foco y haz lo que tienes que hacer.

Recompénsate

Otro punto que puedes trabajar es el de recompensarte cuando cumplas objetivos.

Es decir, cuando hayas cumplido un pequeño objetivo de ese día, puedes permitirte parar un rato y fumarte un cigarro, por ejemplo.

Cuando hayas cumplido el objetivo completo de ese día, puedes tomarte una cerveza (aunque recuerda que hay importantes razones para dejar de tomar alcohol a diario).

Cuando hayas terminado con el trabajo completo, puedes irte a cenar con tu novia por ahí.

La idea es que tengas un refuerzo positivo cada vez que cumples un objetivo. Y, sí, sé que esto parece un poco el entrenamiento de un perro, pero ¿qué quieres que te diga? Funciona. Nuestro cerebro es así de simple.

Gamifica tus tareas

Este punto es un tanto más complicado, porque no siempre se puede hacer, pero, en la medida de lo posible, deberías tratar de gamificar tus tareas.

Deberías encontrar alguna fórmula para hacer más divertido el trabajo que tienes que hacer y para lograr que tu cerebro libere dopamina mientras lo está haciendo o cuando va cumpliendo objetivos (lo de las recompensas, por ejemplo, ayuda en este punto).

En este estudio se encontró que la principal razón para procrastinar es que la tarea resulta aburrida. Por lo tanto, si hacemos que la tarea sea más divertida, procrastinaremos menos.

Haz públicos tus objetivos

Otro truco que funciona bastante bien es el de hacer públicos tus objetivos. De esta forma, te comprometes ante la gente a hacer algo y sientes una mayor obligación de hacerlo. La presión crece, así que te pones a trabajar.

No obstante, hay que tener cuidado, porque, para algunas personas, el hecho de sentir esa presión puede ser contraproducente y llevarles a procrastinar más aún.

Por eso es importante que, como decíamos al principio, te conozcas a ti mismo. Así sabrás si este tipo de estrategias te ayudan o no.

Genera sistemas y automatiza

Esto es algo que poca gente hace y que es muy potente. Es una de las fórmulas que más me gustan de optimizar mi tiempo de trabajo y una de las principales claves acerca de cómo aumentar tus ingresos.

La idea es simple: Si tienes un trabajo que es repetitivo y tienes que hacer cada poco tiempo, es una buena idea invertir algo de tiempo, dinero y esfuerzo en automatizar esa tarea.

Por ejemplo, imagina una tarea que tienes que hacer cada día de lunes a viernes y que te lleva 30 minutos hacerla. Eso son 2,5 horas a la semana, 10 horas al mes.

Ahora, imagínate que te pasas un mes trabajando, haciendo esa tarea de media hora cada día, pero, además, al acabar tu trabajo, dedicas otra media hora a diseñar un sistema para automatizar dicha tarea.

Sí, a lo largo de ese mes vas a trabajar 10 horas más al mes. Pero, a partir de ese momento, vas a liberar 10 horas de trabajo cada mes y, además, te vas a ahorrar hacer un trabajo repetitivo y tedioso.

Idear este tipo de sistemas es una gran arma.

Estrategia de la frontera

Existen dos tipos de procrastinación: La pasiva y la activa.

La procrastinación pasiva es aquella en la que sabes que tienes que hacer algo, pero lo pospones porque te pones a hacer otra cosa. La procrastinación activa, en cambio, es una procrastinación “a propósito”.

La procrastinación activa puede ser positiva para ti, aunque sólo en aquellos casos en los que seas muy productivo cuando estás cerca de tus deadlines. Así se demuestra en este estudio, donde los estudiantes que procrastinaban adrede conseguían buenas notas.

De nuevo, hay que mencionar que no todo el mundo es igual y no todo el mundo se enfrenta igual a la procrastinación ni al trabajo bajo presión. Por eso, de nuevo, debes conocerte a ti mismo.

Sin embargo, si eres una persona que trabaja bien bajo presión, la idea de dejar para el último momento un trabajo a propósito puede ayudarte a conseguir cumplir con tus deadlines al tiempo que aprovechas el tiempo en otras cosas.

No trabajes en maratones inmensas

Ya vamos terminando. El siguiente punto es no trabajar en grandes maratones, sino haciendo pequeños sprints de trabajo duro, con merecidos descansos entre tanto y tanto.

Esto puede parecer contraproducente, porque, si queremos cumplir con un trabajo, pareciera que cuanto más tiempo pasemos trabajando, mejor. Pero en este estudio se explica que es mejorar trabajar en ratos breves que durante largas jornadas.

Trabajas un rato, y paras unos minutos a descansar. Y así todo el rato, aunque acabes teniendo 5 momentos de descanso al cabo de una jornada de 8 horas. De hecho, los descansos son muy importantes: Durante los descansos, el cerebro activa procesos de resolución de problemas.

Así que no tengas problemas por ir descansando cada vez que taches un pequeño objetivo de la lista de lo que tienes que hacer ese día.

Usa técnicas de productividad

Por último, puedes utilizar alguna de las técnicas sistematizadas de productividad que existen. Por ejemplo, la técnica Pomodoro.

Yo no utilizo ninguna de estas técnicas, pero conozco gente que las utiliza y que dicen que van muy bien.

Simplemente, puedes probar estas técnicas y ver si te sirven para aumentar tu productividad. Si sí te sirven, es muy probable que sean buenas aliadas para dejar de procrastinar.

Como puedes ver, dejar de procrastinar está en tu mano. Puede que no sea sencillo, porque nuestro cerebro está programado para procrastinar. Pero, con nuestros consejos y estrategias para dejar de procrastinar, podrás lograrlo.

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